Sin categoría – Ps. Diego Durán https://diegoduranblog.wpcomstaging.com Psicólogo Clínico Bilingüe. Licenciado en Psicología/Master en Psicoterapia. Thu, 04 Jan 2024 14:13:51 +0000 es hourly 1 https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/wp-content/uploads/2021/01/cropped-icono-1-150x150.png?crop=1 Sin categoría – Ps. Diego Durán https://diegoduranblog.wpcomstaging.com 32 32 117911546 Navegar la infidelidad en la era digital (parte IV) https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2024/01/04/navegar-la-infidelidad-en-la-era-digital-parte-iv/ https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2024/01/04/navegar-la-infidelidad-en-la-era-digital-parte-iv/#comments Thu, 04 Jan 2024 01:53:30 +0000 https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/?p=9429

Hasta el momento, he escrito acerca de algunas consecuencias emocionales de la infidelidad, las particulares reglas del compromiso en las parejas y las expectativas inalcanzables que proyectamos sobre nuestras parejas desde un punto de vista histórico y cultural.

En este post me interesa entender qué lleva a «honorables ciudadanos de bien», que llevan diez, quince, veinte años de relación, a tener un affair. ¿Por qué personas que tienen hijos, hipotecas millonarias (que pagaron por adelantado el polideportivo) se arriesgan a herir profundamente a sus parejas y romper la estabilidad familiar?

Desde un punto de vista psicológico, la fidelidad-infidelidad puede ser entendida como un legado familiar o, más particularmente, con un tipo de apego. Partiendo de la Teoría del Apego, podríamos pensar que existen el tipo «Infiel 1» (apego evitativo) y el «Infiel 2» (apego ansioso).

(Todo esto es una apreciación clínica personal que veo en la clínica; ya me dirán si les parece que tiene sentido).

«Infiel 1»: Apego Evitativo

El tipo de apego evitativo o evasivo busca aislarse física y psicológicamente para autorregularse. Necesita tomar distancia para no sentirse abrumado e invadido. Los evitativos necesitan mucho tiempo para resguardarse en su mundo interno y poder volver después a la relación. Evitan el compromiso y la intimidad emocional porque les cuesta creer que los demás (incluida la pareja) pueden ser capaces de contener sus emociones y ayudarlos en momentos difíciles; por este motivo, también les cuesta expresar sus emociones.

Las conductas evitativas pueden incluir: pasar mucho tiempo solo, consumir alcohol o drogas, buscar fuertes cargas de adrenalina, entrenamiento físico o profesiones de tiempo completo, uso excesivo de pornografía y, por supuesto, encuentros sexuales fuera de la pareja. La atención y conquista de otra persona sirven como un viejo mecanismo para disociar las emociones y anestesiar, aunque sea por un momento, el miedo al abandono y la pérdida de autonomía.

Así es cómo se siente y piensa alguien con apego evitativo:

La idea de revelar demasiado sobre mis emociones me hace sentir vulnerable, pero a la vez, me gustaría que entiendas lo que me pasa.

La intimidad emocional me asusta, pero eso no significa que no valore la conexión que compartimos.

Puede parecer que me distancio, pero en realidad, estoy intentando equilibrar mi necesidad de espacio personal con mis ganas de estar contigo.

Pero la pregunta fundamental, más profunda e inconsciente, del evitativo es: ¿cómo puedo confiar en alguien más si quienes debieron cuidar de mí no lo hicieron? En un punto de su crianza el evitativo deja de esperar que pueda ser contenido y aceptado tal cual es. Los evitativos se agobian facilmente con la intensidad emocional porque han aprendido a auto-regularse sin la necesidad de un otro. La infidelidad es otra forma en la que el evitativo busca sacar la cabeza de abajo del agua y sobrellevar emociones que lo abruman. Es una forma de evadirse de una relación que le resulta por momentos, pegajosa, excesivamente demandante, invasiva, aburrida y/o monótona. Pero lo que está atrás de estos sentimientos es la incapacidad o dificultad para sintonizar y creer que podrán ser aceptados por su pareja siendo él o ella misma

«Infiel 2»: Apego Ansioso-Dependiente

Las personas con apego dependiente tienen una preocupación constante respecto a la pareja y son hiperconscientes de su cercanía o lejanía. Se sienten seguros y valiosos cuando están en una relación íntima; cuando no, temen al abandono. En la infancia, los cuidadores no le han mostrado al niño respuestas consistentes, y estos han aprendido a anticipar posibles cambios en la disponibilidad emocional. La parentificación, o inversión de roles, es bastante característica de este tipo de apego. A las personas con este tipo de apego les resulta familiar mantener a una pareja que no está emocionalmente disponible, al igual que hacer concesiones excesivas para mantener una relación o interpretar situaciones neutrales como una amenaza a la relación. El problema con este patrón no es que no ven las banderas rojas, sino que no ven otra cosa que banderas rojas; para ellos, casi todo representa una amenaza de abandono.

Así es cómo se siente y piensa alguien con apego ansioso-dependiente:

Cuando no respondes de inmediato, empiezo a imaginar lo peor.

Necesito constantemente confirmación de que eres parte de mi vida.

Quisiera poder dejar de preocuparme constantemente por perder lo que tenemos.

A pesar de tus muestras de amor, siempre estoy buscando señales de que algo está mal, es como si nunca pudiera estar bien.

La infidelidad en las personas con apego ansioso-dependiente ocurre por despecho (en latín despĕctus, que significa «desprecio» o des-pecho, «privar del pecho») y es una forma de sobrellevar la herida de abandono mediante una huida hacia adelante para amortiguar el impacto que podría generar un potencial engaño. La lógica sería algo así como: tengo miedo a que me engañes (abandones), por eso YO lo voy a hacer antes. Para alguien que lucha contra una baja autoestima, la atención de alguien nuevo puede actuar como un poderoso antídoto contra la inquietud y el malestar causados por los sentimientos crónicos de insuficiencia y abandono.

El miedo al engaño es un flashback (revivimos en el presente algo que ocurrió en el pasado) que generalmente poco tiene que ver con la realidad actual, sino con un trauma/karma que es percibido como un destino ineludible. En estos casos, se pone en juego el sentido del (des)honor y la (in)justicia.

¿Cómo salir de estas dinámicas?

 

Darle una explicación a la infidelidad. Si no sabes por qué ocurrió, ¿cómo podrías darle la seguridad a tu pareja de que no volverá a ocurrir?

Explicitar cuál es la política de la relación respecto a terceros. Aclarar qué se considera una infidelidad en la relación y qué no, y expresar si estos límites son vividos como protección o castración. 

La transparencia en una relación supone un compromiso mutuo. Por un lado, no ocultar y por el otro, escuchar sin reprimir o juzgar. Si esto no se cumple, es inevitable que el ocultamiento se instale en la relación. 

El amor, como el fuego, necesita oxígeno. Delimitar espacios físicos y psicológicos es fundamental para tener una relación con una persona con este tipo de apego; los “evitativos” deben aprender a comunicar sus emociones y encontrar mecanismos de evasión que no comprometan la relación. 

Hablar de cómo las vivencias de abandono se actualizan en la relación actual. En estos casos conviene hacerse consciente del miedo al abandono que ya existía antes de empezar la relación, generalmente producida en la infancia. Ser consciente de esto ayuda a mirar hacia dentro en momentos en que se sufre un flashback en lugar de asumir lo peor. Identificar los flashbacks es el primer paso para diferenciar los traumas personales, de las características concretas de tu pareja. 

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Navegar la infidelidad en la era digital (parte II) https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2023/12/18/navegar-la-infidelidad-en-la-era-digital-parte-ii/ https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2023/12/18/navegar-la-infidelidad-en-la-era-digital-parte-ii/#comments Mon, 18 Dec 2023 18:15:03 +0000 https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/?p=9267

Como mencioné en la publicación anterior, los efectos de la infidelidad pueden resultar devastadores. A modo de esquema, podemos conceptualizarlos de la siguiente manera:

Gaslighting: Quien sufre una infidelidad generalmente siente como si le movieran la alfombra donde está parado/a. El sufrimiento es mayúsculo cuando dudamos acerca de nuestra propia percepción y nos preguntamos qué de lo vivido fue o es real y que no. ¿Realmente me quiso? Cuando me dijo que se iba a tal lugar, ¿era cierto? ¿con quién estuve realmente todos estos años?

Desvalorización: Las comparaciones, inevitables en estos casos, se tornan odiosas. La narrativa visceral y a menudo irracional sugiere que nuestra pareja «prefirió» o «necesitaba estar» con otra persona porque «yo no era suficiente». Así nuestro autoestima queda definido por esta circunstancia y no por nuestro valor intrínseco. 

Falta de confianza en la relación: ¿Cómo asegurarse de que no se repetirá? ¿Es posible simplemente dar vuelta la página? ¿Tiene sentido continuar? ¿debería vengarme o hacerle pagar por lo que me hizo? ¿debería continuar la relación por mis hijos? ¿deberíamos abrir la relación? ¿volveré a sentir lo que sentía antes? 

A pesar del dolor, la infidelidad puede transformarse en un proceso de crecimiento personal y ayudar a reformular la pareja en términos más sólidos. Sin embargo, para reestablecer la conexión, es necesario atravesar un proceso doloroso para entender cómo se llegó a este punto.

Siguiendo la metáfora de Esthel Perel en su libro «El dilema de la pareja», la infidelidad es como un accidente de avión. Depués del siniestro, quedan los dos atrapados en una isla desierta y ambos deben reunir el coraje para escuchar la «caja negra» (en realidad naranja), comprender qué salió mal, cómo podría hacerse de forma y decidir si desean continuar volando juntos o no.

Si quisiera resumir este post en pocos caracteres para alguien que ha sufrido una infidelidad, sería algo así:

La confianza en la pareja se gana y, una vez perdida, esperaría que la parte que ha generado el daño esté interesada en reparlo.

Elige cuidadosamente tus preguntas; algunas son injustas, incontestables o morbosas, mientras que otras son necesarias para comprender la situación. Algunos ejemplos de preguntas válidas: ¿sigues viendo a esa persona? ¿tienes intención de cerrar esa relación? ¿has tenido conductas sexuales de riesgo que me puedan afectar? ¿por qué piensas que ocurrió? ¿quieres trabajar para resolverlo o esperar a «que se me pase»?

Los síntomas de la infidelidad son similares al Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT); es probable que haya «detonadores» que desencadenen «flashbacks». Aunque evadir personas, situaciones o conversaciones puede ser tentador, enfrentar tus miedos gradualmente es parte del proceso de curación. 

La infidelidad suele tener dos componentes: uno relacionado con la relación de pareja (probablemente haya habído algo en la relación que no iba bien) y otro con una búsqueda personal de quien cometió la infidelidad. Dividir las aguas puede ser esencial para entender cuáles son las necesidades de cada uno y cuáles son los grados de responsabilidad.

Salir del dilema de la infidelidad implica atravesarlo. Requiere valentía, comunicación honesta y la voluntad mutua de comprender, redefinir la relación y, en algunos casos, decidir terminarla.

En el próximo post, exploraré algunos motivos subyacentes que llevan a las personas a la infidelidad. Si estas reflexiones resuenan contigo, te invito a compartir tus pensamientos en los comentarios. La comunidad es un espacio valioso para el intercambio de experiencias y aprendizajes.

 

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Argumentos a favor y en contra de la Psicoterapia Online (Parte II) https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2020/06/20/argumentos-a-favor-y-en-contra-de-la-psicoterapia-online-parte-ii/ https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2020/06/20/argumentos-a-favor-y-en-contra-de-la-psicoterapia-online-parte-ii/#comments Sat, 20 Jun 2020 21:34:05 +0000 http://diegoduranblog.wpcomstaging.com/?p=1734 Otra de las críticas más frecuentes que se hacen a la psicoterapia online es la siguiente:

2. Una psicoterapia sin cuerpo es una terapia incompleta.

Generalmente la argumentación es la siguiente:

En la tele-psicoterapia hay una parte de la comunicación que se pierde porque parte del lenguaje corporal queda excluido del rectángulo de la pantalla. Percibimos a través de los sentidos, podemos ver —hasta cierto punto— y escuchar al otro, pero ¿qué pasa con el resto de los sentidos en la psicoterapia online? La psicoterapia a distancia no es suficiente porque necesitamos cierto grado de contacto físico, percibimos también —generalmente de forma subliminal— a través de olores y gustos que asociamos con lugares y personas. Esto convierte a la psicoterapia a distancia en un espacio artificial, cuando debiera ser todo lo contrario.

Mi Respuesta:

Uno. Es cierto que parte importante de la comunicación no verbal se pierde trabajando a distancia. La mayoría de psicólogos tenemos bastante presente el lenguaje corporal. Se nos prende el radar si un paciente mueve rápidamente las piernas cuando habla, si sus pies apuntan constantemente a la puerta, o no para de mover los dedos de la mano. Lo más notorio en psicoterapia vía Skype son las expresiones faciales y el tono de voz, respecto a lo demás, siempre es posible indagar en aquello que no vemos. En ciertos momentos me ha resultado útil preguntar a los pacientes si están moviendo las manos o los pies, o si pueden ver reflajada su ansiedad en algún área de su cuerpo. Lograr cierto grado de consciencia corporal forma parte de cualquier tipo de psicoterapia, en el caso de la tele-terapia se hace todavía más apremiante poner el foco en el cuerpo mediante la palabra.

Dos. Si hay algo me ha enseñado vivir como expatriado, trabajar de la psicoterapia a distancia y la pandemia en general, es precisamente a valorar los matices sutiles de las relaciones co-presenciales que muchas veces daba por sentado. El contacto social mediado por la tecnología no solo nos hace recordar la constante ausencia del otro, también facilita que surjan fantasías de encuentro que pueden ser verbalizadas en el espacio terapéutico. Contra todo pronóstico, la contigencia de no compartir el mismo lugar físico que el terapeuta puede ser el motor central de la psicoterapia. Si se analiza, esta es una oportunidad óptima para «tomar distancia», resignificar el encuentro con el otro y poner en palabras posibles miedos al abandono y a la soledad.

Este astuto anuncio de AT&T (1987) titulado «Acércate y toca a alguien», utiliza la imagen de una mujer para dar a entender que podemos tocar a alguien emocionalmente, a la distancia, incluso si no podemos sentir su piel.

Tres. Habitualmente llega un punto en la psicoterapia en que mis pacientes me plantean —generalmente con un poco de vergüenza—, «me gustaría conocerte personalmente, en la vida real». Este pedido es lícito y puede formar parte del encuadre el compromiso de verse en un lugar común cada cierto tiempo. No hay ningún motivo para plantear una psicoterapia a distancia ó tradicional como opciones excluyentes, también puede plantearse una psicoterapia mixta. La IPA (International Psychological Asociation), por ejemplo, recomienda que el paciente y el terapeuta se vean una vez al año. En mi experiencia, cuando conocí «en persona» a pacientes con los que venía trabajando online, las sesiones terminaron siendo muy similares a las que teníamos a distancia, pero también he notado que hay un sentido de deuda implícito que queda restituído cuando ocurre el encuentro co-presencial.

Cuatro. Entiendo que para algunas personas que no se dedican a hacer psicoterapia les resulte frío comenzar un proceso a distancia, pero me llama particularmente la atención cuando terapeutas hacen esta crítica porque el contacto físico entre un paciente y un terapeuta sigue siendo el GRAN tema tabú de nuestra profesión. La idea de «propiciar» una «transferencia erótica» nos preocupa particularmente y creo que somos, por defecto profesional, extremadamente cuidadosos respecto al contacto físico con nuestros pacientes (habrá excepciones). Los psicólogos que venimos de países iberoamericanos podemos llegar a abrazar en algún momento a nuestros pacientes (probablemente si me lee un psicólogo suizo o alemán se estaría persignando en este momento), pero creo que lo hacemos generalmente de forma bastante cuidada (tirando a lo fóbico) y en un contexto específico. Me parece curioso cuando colegas aluden a la falta de cuerpo en la tele-terapia porque, irónicamente, a la psicoterapia tradicional también le falta el cuerpo. La infinidad de congresos sobre «Psicoterapia y Cuerpo» que han aparecido y continúan apareciendo en los últimos veinte años dan cuenta que el cuerpo en la psicoterapia es un problema que los psicólogos todavía no tenemos resuelto.

Cinco. La esencia de la psicoterapia está en las imágenes que forman parte de un espacio mental, no físico. Como ya he escrito en un post anterior, la psicoterapia jamás ha ocurrido en un consultorio. La psicoterapia ocurre en un vínculo que es por naturaleza atemporal e intangible. El vínculo transferencial continúa funcionando a nivel interno —quizás especialmente— entre sesión y sesión, incluso una vez terminado el proceso terapéutico. La psicoterapia nos lleva al espacio mental de la fantasía, a la «habitación roja» de Twin Pearks, al espacio onírico de Alicia en el país del maravillas o a la compleja arquitectura mental de Inception, el foco de la psicoterapia, y de la relación terapéutica, está puesto siempre en el mundo interno. Por más que no haya un encuentro concreto en la psicoterapia a distancia, las emociones también se sienten de forma intensa porque la necesidad de contacto va más allá de lo físico, forma parte de un componente humano que logra trascender la forma de comunicación.

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TFM – Trauma, Disociación e Identidad https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2020/04/15/tfm-trauma-disociacion-e-identidad/ https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2020/04/15/tfm-trauma-disociacion-e-identidad/#comments Wed, 15 Apr 2020 19:17:06 +0000 http://diegoduranblog.wpcomstaging.com/?p=1587 Esta tesis que adjunto corresponde a la Maestría en Psicología Analítica Junguiana que realicé en Universidad Católica del Uruguay. Este es el segundo máster que he hecho, el anterior fue en Psicoterapia Analítica Grupal (puedes acceder al material completo aquí).

Comparto con Ustedes una versión reducida del trabajo porque, por motivos obvios, no incluyo aquí el análisis de un caso clínico (si bien he utilizado un pseudónimo y alterado algunos detalles para mantener la confidencialidad).

¿Qué puede aportar este trabajo? En principio tres asuntos:

El primero. La temática giró en un principio respecto al Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), sin embargo, en la medida que fui profundizando sobre este trastorno me fui dando cuenta que las bases nosológicas de este diagnóstico, tal como se encuentra en el DSM-5, no parecen estar bien construidas, por varios motivos (enumero los tres que me parecen más relevantes):

a) Es posible diagnosticar a dos personas con TLP sin que tengan ningún síntoma en común.

b) A nivel de investigación, no resulta controversial asegurar que el TLP está ligado íntimamente con el trauma. Sin embargo, en lugar de clasificar al TLP dentro de los trastornos producidos por trauma o estresores, se encuentra dentro de los trastornos de personalidad (como si la variable trauma pudiera ocurrir o no en el TLP).

c) La altísima comorbilidad del TLP con los Trastornos Disociativos y los Trastornos de Estrés Post-traumáticos (especialmente con el Trastorno de Estrés Post Traumático Complejo) es tan grande que hacer un diagnótico diferencial objetivo resulta, en la enorme mayoría de los casos, directamente imposible a nivel práctico.

Lo importante, en relación al tratamiento, es entender que existen criterios transversales relacionados con el trauma, la disociación y la identidad que son centrales para entender y tratar este tipo de patologías. Personalmente entiendo que abordar estas tres variables a nivel psicoterapéutico es más importante que discutir el diagnóstico diferencial (problema que entiendo irresoluble si nos basamos exclusivamente en los criterios diagnósticos del DSM-5). Respecto a este punto recomiendo leer a Allsopp y la Teoría de la Disociación Estructural de la Personalidad de Van der Hart. Creo que es importante revindicar que a nivel de diagnóstico y de tratamiento, investigadores independientes y universidades de todas partes del mundo que han logrado hacer avances oportunos, serios y significativos que están por fuera de la corriente principal de la APA (no cabe duda que esta institución es una referencia fundamental, pero también es cierto que parece moverse de forma lenta respecto a los cambios sociales, estar sobrevalorada en el ambiente de psicólogos y psiquiatras, somado a una lista histórica de graves errores metodológicos y éticos).

El segundo. En la tesis que comparto el día de hoy, también planteo cómo Jung ha sido un precursor de la teoría de la disociación y cómo los avances actuales ratifican afirmaciones que expresó hace casi un siglo con bastante precisión y claridad.

El tercero. El énfasis de la tesis está puesto en la disociación victima-agresor y cómo este conflicto interno repercute en las relaciones interpersonales y la identidad de las personas que sufren trastornos disociativos. La tesis fundamental de este trabajo sostiene la necesidad de fortalecer la Función Trascendente para permitir simbolizar estos contenidos y evitar así la compulsión de repetición.

Por mi parte, no tengo pensando continuar haciendo maestrías o empezar un doctorado por el momento. Después de quizás demasiado tiempo formando parte de la comunidad académica —tanto como estudiante como profesor— mi nivel de preocupación respecto a los planes académicos universitarios ha ido en aumento, posiblemente después del impacto que ha tenido el Plan Bolonia (no sólo en Europa, sino también en el resto de occidente), que ha tenido como objetivo fomentar la especificidad del conocimiento en detrimento de una formación integral. Esto me resulta especialmente preocupante en Psicología. El limite del absurdo llega a la lucha interna entre las distintas corrientes, en lugar de favorecer la cooperación intra y extra disiplinar. Como quizás puedan intuir, este tema da para largo y claramente no es el momento de tratarlo. Ya escribiré sobre este asunto a su debido tiempo, porque está claro que ahora el horno no está para bollos…

Como siempre, aliento a que otros colegas compartan este tipo de trabajos en la web. Puede ser un aporte modesto, pero entiendo que la suma de contenidos ayuda a democratizar el conocimiento. Sé que el texto que adjunto es técnico, pero espero que profesionales de mi área y personas interesadas en psicología en general puedan sacar algún provecho. Sin más cháchara, aquí queda:

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Mecanismos de supervivencia al trauma y dinámica víctima-agresor (Parte II) https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2019/08/17/relaciones-toxicas-y-dinamica-victima-agresor-parte-ii/ https://diegoduranblog.wpcomstaging.com/2019/08/17/relaciones-toxicas-y-dinamica-victima-agresor-parte-ii/#comments Sat, 17 Aug 2019 03:37:10 +0000 http://diegoduranblog.wpcomstaging.com/?p=960 En el post anterior nos adentramos en la idea de que la dinámica víctima-agresor es producto de un trauma internalizado que afecta la identidad. En la medida que el trauma —por naturaleza anacrónico— no se hace consciente tenderá a repetirse a nivel interno y relacional. La pregunta, ahora evidente, es ¿cómo superar un trauma?

No me propongo contestar a semejante pregunta en un post, pero sí me interesa proponer algunas ideas. Ruppert (2018) plantea algunas estrategias que no funcionan y otras que sí podrían funcionar. Aquí presentaré en las que sí estoy de acuerdo, me ahorraré las que no y agregaré algunas más que veo frecuentemente en consulta.

Estrategias que sabemos que no funcionan:

El perdón no funciona. Los círculos patológicos relacionales tienden a mantenerse después de una reconciliación. Es esperable que en una relación adictiva ocurran incontables “rupturas” y “reconciliaciones” que intentan parchar heridas profundas. Generalmente, lo perdoné no significa otra cosa que haré de cuenta, por un rato, que esto no ocurrió. Solo hay que sentarse a esperar que una “nueva” situación despierte viejos resentimientos. Aún así creo que es posible alcanzar un perdón verdadero, pero este es siempre un efecto secundario del trabajo con el trauma, no sirve como estrategia directa para superarlo.

La venganza no funciona. Por el contrario, es una forma de alimentar este funcionamiento. La retaliación no ofrece una salida para superar el trauma, este supuesto cambio de posición agrava y cronifica aún más la dinámica víctima-agresor.

La reproducción artística del trauma no funciona. Está muy extendida la idea que a través del “arte” se puede superar traumas. Revivir un trauma produce ansiedad, muchas veces angustia, la reproducción fiel de una escena traumática no permite canalizar estos sentimientos de forma constructiva, es más bien una forma de regodearse en las miserias propias o ajenas. El sentido de las manifestaciones artísticas por lo menos a nivel terapéutico es crear algo nuevo, no repetir de forma compulsiva el sufrimiento sobradamente conocido. El arte sólo puede ayudar a trabajar un trauma si sigue la intuición de que existe una alternativa al drama interno y permite darle forma a un recurso psíquico que todavía no llega a ser vislumbrado con claridad.

La racionalización no funciona. Quien sufre una herida psíquica puede jugar con la idea que goza de un nivel de salud mental superior al que realmente tiene, asegurando por vía intelectual que entiende completamente su problema, negando así su sufrimiento. Refugiarse en explicaciones racionales como “el agresor también ha sufrido mucho”, «eso pasó hace mil años», «no me gusta hablar de cosas feas porque me hace mal» no ayuda a elaborar un trauma. Por este motivo, bendito psicoanálisis, no alcanza con explicar los porqués ni los paraqués, es necesario también contactar con la emoción. El aislamiento emocional por medio a la racionalización es una secuela directa del trauma, por tanto, no sirve para desmantelar su funcionamiento.

Estrategias que sí pueden funcionar:

Localizar el problema. Es importante identificar la dinámica víctima-agresor en uno mismo y en los demás, así como también las estrategias de supervivencia que todavía se mantienen. Para esto, es importante distinguir entre lo urgente y lo importante o, en términos de la Gestalt, entre figura y fondo. En castellano, es necesario diferenciar los problemas actuales —que parecen acuciantes o urgentes— de lo importante, es decir, del trauma que lleva a repetir este tipo de funcionamiento. Localizar un problema reduce la ansiedad porque lo circunscribe, le da un marco que lo hace manejable.

Localizar el problema es también importante para saber cuáles son las promesas, miedos o deseos que hacen que quien está en la posición de víctima muerda el anzuelo. Estos talones de Aquiles generalmente se enmarcan en el miedo a perder una oportunidad o status, miedo al abandono, a un posible daño emocional o perdida de placer.

Comunicación. Si algo puede ser comunicado en detalle, si podemos darle forma a aquello que nos ocurre, entonces el problema se reduce, si es que directamente no deja de existir. La psicopatología puede ser definida como un problema en la comunicación, existe algo que molesta que no tenemos del todo claro qué es y no podemos comunicarlo. Algunas personas que han sufrido un trauma cargan ese sufrimiento en silencio —ya sea por miedo, vergüenza o porque no logran localizarlo—, esto aumenta el malestar. Es importante Vivir para contarlo (o, contarlo para vivir) en un ambiente sano y compasivo donde sea posible expresarse con libertad, evitando juicios de valor. Si a esto le sumamos un terapeuta capaz de traducir este discurso para co-crear una imagen más clara del trauma del paciente, las mejoras no deberían tardar en llegar.

Las películas e historias de terror tienen una función estructurante, nos dan pistas de cómo afrontar un trauma. En El Resplandor, por ejemplo, Stanley Kubrick genera un valle inquietante que nos hace sentir que algo no va bien y no es hasta pasada la mitad de la película que localizamos a la amenaza. En la novela de Stephen King, Eso (It), un grupo de amigos que cargan con un trauma infantil en común se ven obligados, después de veintisiete años, a reunirse y comunicarse —de ahí que la palabra “comunicación” y “comuna” tengan la misma raíz— para darle forma y neutralizar a un viejo adversario en común. Necesitamos comunicar y compartir el sufrimiento, cuando una persona se aísla durante mucho tiempo encapsula el trauma. De ahí que sepamos que de antemano que al personaje que dice “vamos a separarnos” en una película de horror le espera una muerte sangrienta e inminente (aumentan las probabilidades un 92% si es afrodescendiente, latino o la talla de sujetador es XL). La lección de las narrativas de horror es contundente: Podemos prender fuego, disparar, acuchillar, decapitar, bañar en ácido sulfúrico, tirar granadas o bombas molotov, pero las secuelas no tardarán en aparecer. Sólo es posible reducir un trauma si se hace consciente, es decir, si se localiza, si se puede poner en palabras y si se conoce su historia. Los cuentos de terror también nos enseña a tener coraje y a elegir cuidadosamente a nuestros amigos. Me parece curioso que en Mientras escribo, Stephen King (2012) reconoce que las torturas que sufrió por parte de su niñera han sido, hasta ahora, una gran inspiración para escribir novelas y relatos oscuros.

Contar con una buena «teoría del mal«. Los adultos necesitamos para proteger y protegernos una buena teoría que nos permita entender, identificar y alejar amenazas potenciales. Jordan Peterson (2018), hace una pregunta incómoda que me resulta interesante: «¿cómo elige un pedófilo a sus víctimas?». Evidentemente, selecciona al niño más débil, temeroso y retraído, ese es el perfil que le interesa. Difícilmente busque a un niño que tenga una buena capacidad de comunicación y sea asertivo. Por esta razón no es una buena idea incentivar que los niños tengan miedo a los extraños. Primero, porque el miedo puede paralizar y no permitirle hacer frente a la situación y segundo, es más probable que sienta vergüenza o tema el castigo de sus padres por haber desobedecido. Es una mejor estrategia hablarles acerca de estos posibles acercamientos, validar e incentivar su asertividad y asegurar que en caso de que ocurra, es mejor contarlo rápido, pero si no están prontos pueden decirlo en cualquier momento y que siempre se los va a apoyar. (Lo mismo ocurre con prohibir el uso de la fuerza, en algunos casos es sano y necesario defenderse físicamente).

Un buen manual de perversiones nos lo puede dar el Marqués de Sade o el psicoanálisis (Tizón, 2015). Como hemos visto, el perverso seduce y/o coacciona generando dependencia y luego abandona o utilizan ese estado de indefensión para invadir el espacio mental y/o físico del otro.

Otra teoría interesante es La banalidad del mal de Hannah Arendt (1999). Arendt era una filósofa y teórica política judía que siguió el juicio de Adolf Eichmann, un teniente coronel de la SS que se encargó de transportar a millones de personas a campos de concentración. Arendt asistió en Jerusalén al juicio de Eichmann y notó que, contra todo pronóstico, no había un sentimiento antisemita en su discurso. Hasta sus últimas palabras antes de ser condenado a muerte en Israel justificó sus acciones porque, según él, se «limitó a seguir órdenes» de su legislador (Hitler).

No perseguí a los judíos con avidez ni placer. Fue el Gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, solo podía decidirla un Gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde la de los subalternos (Eichmann en Fernando Lizama-Murphy, 2017).

Esta teoría plantea que un agresor, un genocida incluso, se define —a lo Poncio Pilatos— también por la falta de empatía y capacidad crítica, y no necesariamente por un alto grado de sadismo.

Más aún, si decidimos trabajar un trauma hasta el final, es necesario ponerse en la piel del agresor. Se hace preciso sentir lo que él siente, pensar como él piensa y llegar al punto de tener la posibilidad de utilizar esa misma hostilidad en defensa propia. La diferencia está en que la violencia que ejerce un agresor no es deliberada, es desproporcionada, inoportuna y carece de justificación racional (porque es esencialmente inconsciente, como hemos visto, se basa en la repetición compulsiva de un trauma). Si esa violencia se hace consciente y se canaliza oportunamente, deja de ser violencia y pasa a ser agresividad. La agresividad es el motor del cambio que puede llevar a terminar una relación, hacer una denuncia o defenderse físicamente si la oacación lo requiere. Los junguianos llamamos a este proceso integración de la Sombra. Por esta razón, en algunos casos, puede ser útil el uso de juego de roles o la técnica de la silla vacía.

El tiempo no lo cura todo. He visto a personas de sesenta y setenta años llorar desconsoladamente al recordar episodios traumáticos de sus primeros años de vida. Si un trauma no se hace consciente y se expresa, es más probable que tienda a agravarse. El tiempo en sí mismo no sana, pero ayuda a sanar. Una metáfora muy extendida entre psicólogos es la de ver el trauma como una lata de refresco que ha sufrido fuertes golpes, es necesario abrirla lentamente. En otras palabras, es importante ser cautos para no re-escenificar un trauma que no pueda ser elaborado a posteriori. El primer objetivo al momento de trabajar un trauma es mejorar la calidad de vida del paciente, si esto supone no trabajar un trauma en absoluto porque la carga emocional es excesiva, es mejor evitarlo. Quizás no sea el momento, no tiene porqué serlo. Es una práctica iatrogénica pedirle a alguien que reviva un trauma si no se siente preparado para hacerlo.

El tiempo que se vive fuera una relación traumatizante es tiempo ganado. El factor tiempo —siempre y cuando sea posible trabajar progresivamente el trauma— es crucial para gestionar mejor las emociones, aclarar las ideas y generar narrativas más completas y realistas.

Respecto a la pregunta inicial —¿cómo superar un trauma?— seré honesto, creo que un trauma no se supera. Es más, realmente estoy convencido que nadie supera nada.

Cuando nos sentimos faltos de energía y nos «bajan las defensas», reaparecen viejos fantasmas y con ellos, antiguas estrategias de supervivencia. Lo que sí es factible es que con trabajo + tiempo, la fuerza emocional del trauma disminuya y sus síntomas se hagan menos frecuentes, más manejables, los recuerdos negativos comiencen a mermar, resulte más fácil expresar con claridad y seguridad los deseos y sentimientos propios. En suma, es posible, si se hace un trabajo comprometido y sistemático, aprender a vivir con una herida incurable y ganar control sobre nuestras vidas.

Que no es poco.

Bibliografía

Arendt, H. (1999). Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. São Paulo: Companhia das Letras.

King, S. (2012). Mientras escribo. Plaza & Janés.

Ruppert, Franz (2018) ¿Quién soy yo en una sociedad traumatizada?. España: Herder.

Tizón, J. L. (2015). Psicopatología del poder: Un ensayo sobre la perversión y la corrupción. Herder Editorial.

Youtube

Jordan Peterson (2018): https://www.youtube.com/watch?v=KtP241Uu2S0&ab_channel=TheArchangel911

Páginas Web

Fernando Lizama-Murphy (4 de agosto de 2017). «El secuestro de Adolf Eichmann»Fernando Lizama-Murphy – Escritor.

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