Mantenerse Estoico (Parte VI)

Eudemología o El Arte de Ser Feliz, explicado en cincuenta reglas para la vida de Arthur Schopenhauer (1788-1869) es un compilado de manuscritos de filosofía práctica. Este clásico de bolsillo podría ser definido como un libro de auto-ayuda para pesimistas y, para mi gusto, retoma los puntos medulares de los filósofos de la estoa que hemos visto desde su perspectiva oscura, MUY oscura. De todas formas, por favor, no me malinterpreten, no quiero decir con esto que Schopenhauer viera el vaso medio vacío, no, en absoluto, veía más bien el ataúd medio lleno (que es distinto).

Como sea, dejo aquí abajo una selección de los veinte MEMES que me parecieron los más divertidos sobre Schopenhauer. Espero sirva para matizar tanta amargura (reconozco que el de Lou Salomé me generó una carcajada frankzappiana):

La pregunta es evidente, ¿qué puede aportar un pesimista de este calibre al tema de la felicidad? Resulta que mucho.

Lo interesante de este libro es que nos muestra que la felicidad es una ilusión y que el principal motivo de sufrimiento está, paradójicamente, en nuestra búsqueda obsesiva, voraz e incesante por alcanzarla.

El medio más seguro para no volverse infeliz es no desear llegar a ser muy feliz, es decir, poner las exigencias de placer, posesiones, rango, honores etc. a un nivel muy moderado; porque precisamente la aspiración a la felicidad y la lucha por ella atraen los grandes infortunios.

Regla número 37 (pág. 71)

En todo caso, podemos aspirar a un presente tranquilo, indoloro y soportable.

Hay mucho para comentar sobre este audio/libro respecto al fatalismo, la dinámica humoral de naturaleza bipolar, la mesura como estrategia vital… pero lo que más me interesa de este texto es que Schopi nos plantea un antídoto a la dictadura de la felicidad empresarial, liquida, maníaca, enlatada y con rápida fecha de expiración. Visto así, no resulta sorprendente el resurgimiento en las redes en los últimos años de este calvo-cascarrabias más alemán que las salchichas bratwurst, el bretzel, Beethoven y el Oktoberfest.

Porque, siendo realistas, y como canta Drexler en Amar la trama (por lejos su mejor disco), «la vida puede que no se ponga mucho mejor que esto».

Todos a sus puestos, Amar la Trama, Jorge Drexler (2010).

El Arte de la felicidad puede leerse infinidad de veces porque tiene una prosa accesible la mayor parte del tiempo, y también nos da la posibilidad de rompernos la cabeza con conceptos metafísicos como ocurre con la regla número 39 cuando refuta a Kant explicando: «Posible es aquello que puede suceder, pero lo que puede suceder sucede con seguridad, pues de no ser así, no puede suceder» (este apartado le puede interesar a la gente que vio las tres temporadas de Dark y hace de cuenta que la entendió).

Schopenhauer nos plantea que la vida es sufrimiento y es necesario apaciguar esta angustia con placeres moderados. Por este motivo, una de las preguntas que frecuentemente les hago a mis pacientes es, ¿qué es lo mínimo que necesitas para estar bien? Para algunos es caminar una hora por día, para otros ver amigos una vez por semana, hacer ejercicio tres veces a la semana, destinar treinta minutos al día para estar solos, cada cual tiene sus mínimos. Nuestra estabilidad psicológica generalmente depende de mantener ciertos hábitos sencillos, pero para eso, es importante identificarlos y comprometerse a seguirlos independientemente que las circunstancias externas no lo favorezcan.

Para terminar me despido otros con tres puntos reseñables de El Arte de Ser Feliz:

A) Nuestros planes están siempre sujetos a factores inconscientes (la lógica schopenhaueriana sigue la línea del determinismo estoico que desarrollé en Mantenerse Estoico, parte II):

En la vida ocurre como en el ajedrez: en ambos hacemos un plan, pero éste queda del todo condicionado por lo que en el ajedrez hará el contrario y, en la vida, el destino. Las modificaciones que así se producen, generalmente son tan importantes que nuestro plan apenas es reconocible en algunos rasgos básicos cuando lo realizamos.

Regla Número 23 (pág. 51)

B) “Vive el presente” se dice rápido, pero para eso es necesario desarrollar Cajones de Pensamientos

debemos poder abstraer, debemos pensar, arreglar, disfrutar, sufrir cada cosa en su momento, sin preocuparnos de todo lo demás; tener, por así decirlo, cajones para nuestros pensamientos, donde abrimos uno y cerramos todos los demás. Así, una grave preocupación no nos destruirá cualquier pequeño placer actual privándonos de todo sosiego; una reflexión no desplazará a otra; la preocupación por un asunto grande no alterará en todo momento la preocupación por ciertos asuntos pequeños etc. Como en tantas otras ocasiones, aquí hay que ejercer una coacción sobre sí mismo, en la cual nos apoyará la reflexión de que cualquier persona debe sufrir de todos modos tantas y tan grandes coacciones y que una vida sin muchas coacciones sería imposible, pero que una pequeña coacción de sí mismo aplicada en el lugar justo puede prevenir a muchas coacciones posteriores desde fuera

Regla Número 21 (pág. 57-8)

C) Etapas de la vida:

Juventud y molinos:

Particularmente en la juventud, la meta de nuestra felicidad se fija en forma de algunas imágenes que a menudo vemos en la fantasía durante toda la vida o hasta su mitad, y que en realidad son fantasmas burlones. Porque cuando las hemos alcanzado se desvanecen, y vemos que no cumplen nada de lo que prometen.

Regla Número 31 (pág. 62)

Vejez y sucedáneos:

La comodidad y la seguridad son las necesidades principales de la vejez. Por eso los viejos aman sobre todo el dinero como sustituto de las fuerzas que les faltan. Al lado de ello están los placeres de la comida que sustituyen los placeres del amor. El lugar del deseo de ver, viajar y aprender lo ocupa el de enseñar y hablar. Pero es una suerte para el anciano si conserva el amor por el estudio, por la música e incluso por el teatro.

Regla Número 28 (pág. 64)

Como hasta ahora, cuelgo el audiolibro para escuchar en esta página, su versión descargable en MP3, PDF y la versión original de AMA Audiolibros en YouTube.


¿Todavía quieres saber algo más sobre Schopi? Dos datos jugosos de su biografía.

Si hacemos un fast-Freud, no es sorprendente su aversión a las mujeres. A su madre, también escritora, le gustaba hacer reuniones sociales en la casa. El punto es que su padre sufrió una infección auditiva (en aquel momento no tenía cura) y mientras ocurrían estar reuniones el joven Arthur veía como sufría su padre mientras escuchaba las carcajadas de su madre con sus amigos. Cuando el joven Arthur tenía diecisiete años, presumiblemente por la desesperación causada por el dolor de oído (los que hemos sufrido crisis auditivas lo sabemos), su padre se suicidó tirándose a un río. Desde entonces, su relación con su madre (y su hermana) fue desastrosa, tanto así que su madre decidió desheredarlo. «El arte de tratar a las mujeres» (obra que para los estándares actuales no es misógina, es lo siguiente) es la prueba más cabal de cómo los traumas tempranos afectan las relaciones subsiguientes y nos muestran que incluso los genios pueden ser completamente ciegos (por no decir francamente idiotas) respecto a algunos asuntos.

En una ocasión una vieja costurera osó despertar a Schopenhauer de la siesta hablando en voz alta al lado de la puerta de su habitación. El resultado es predecible: hizo rodar a septuagenaria por las escaleras. Obviamente, esto le ocasionó a la pobre anciana secuelas de todo tipo y color, así que lo demandó y Schopenhauer fue sentenciado a pagar una indemnización mensual a la achacosa señora por el tiempo que estuviera viva (como henos visto, la vida es cruel, así que la dama vivió veinte años más). Una vez que la mujer pasó a mejor vida, Arthur respiró hondo y escribió apacible una frase en latín en su libreta: «la vieja murió, la carga termina».