Neuroticismo (Parte III)

El abuelo Albert nos recuerda que no tener lo que queremos no es un “horror”, es un inconveniente. Nos puede dar rabia, podemos sentirnos tristes, perdidos, frustrados, pero incluso esto es soportable. Generalmente somos más resilientes de lo que pensamos, ¿cuántos “fracasos” han tenido tus referentes antes de convertirse en lo que son o llegaron a ser? ¿Serían lo que llegaron a ser si no hubieran logrado sobreponerse a sus limitaciones?

Ellis le decía a sus pacientes: “Inténtalo. Si mueres en el intento, lo cual no va a ocurrir, yo me encargo personalmente de pagarte un costoso funeral, incluyendo los adornos florales que tu quieras”. Si algo es horrible o no, no depende de la situación per se sino de la interpretación que hacemos de ese evento. Este concepto, como tantos otros en psicología, forma parte de un robo fragante cordial préstamo que proviene de la filosofía.

Esta frase forma parte de El manual de Epícteto (adjunto el texto en versión PDF) Por más información sobre cómo la filosofía estoica nos puede ayudar a mejorar nuestra calidad de vida, dejo aquí un par de publicaciones que hice el año pasado. Seguiré escribiendo sobre este asunto.

¿Por qué tan serio?

Volviendo al miedo a hablar en público, los errores pueden ser capitalizados a nuestro favor, tanto así que la audiencia puede llegar a dudar si se trató de un error o de una ocurrencia premeditada (Ellis, 1998). Con un poco de sentido del humor nos podemos hacer la vida un poco más fácil. Habemus aquí una lista de sugerencias del mismísimo Ellis para superar la vergüenza mediante lo que el llamó «Shame Attack» (Ataque a la Verguenza):

  • Buscar por la calle a alguna mujer o hombre (dependiendo de las preferencias del lector) joven y atractiva/o y preguntarle si necesita ayuda para cruzar la calle.
  • Salir de tu casa usando un calcetín blanco y otro rojo.
  • Ponerse la ropa interior por encima del pantalón.
  • Vociferar en la vía pública frases inconexas en francés (especialmente si no sabes francés).

Ellis incluso ayudaba a sus pacientes a lidiar con sus miedos e ideas irracionales a través de canciones humorísticas. La verdad sea dicha, la similitud entre los dotes vocales de Ellis y mi tío después de varios whiscolas cantando en el casamiento de mi prima me resulta notable, pero esto no parecía importarle en absoluto (más bien todo lo contrario). Sin ir más lejos, aquí lo pueden escucharlo entonando una versión —ligeramente modificada— de El Danubio Azúl de Johann Strauss:

Es difícil hacer una traducción fidedigna porque la canción tiene juegos de palabras, pero sería algo así: ♫Cuando estoy triste, triste, ¡triste! Me siento, me siento un estofado, un estofado, un estofado. Me juzgo terriblemente espantoso. La vida es tan dura y aterradora. Cuando mi tristeza se verifica, me siento doblemente aterrado. ¡Porque nunca me rehusaré a sentirme triste por estar triste!♫

¿Cómo sobrevivir a las malas críticas?

Hemos planteado un escenario en el cual los “debo” paralizan a una persona, comentamos como nosotros también tendemos a juzgar como los otros deberían comportarse, ¿pero qué pasa cuando somos nosotros los juzgados?

Para Ellis, la lógica es exactamente la misma. De forma bienintencionada o insidiosa, las personas hacemos uso (o abuso) de nuestra libertad de expresión. El problema está en que muchas veces no sólo tenemos que lidiar con la neurosis propia (ya bastante tiene uno…), sino que además tenemos que tratar con la de los demás. El problema para Ellis, de nuevo, no está en la crítica despiadada (que él también sufrió) sino en la forma en que interpelamos esa crítica. En otras palabras, lo peor de la crítica jamás ha estado afuera, sino en la forma en que resuena en nosotros. Generalmente los comentarios más ofensivos son los que confirman ideas que previamente teníamos de nosotros mismos respecto a que no somos suficientemente buenos haciendo algo o que carecemos de valor como persona.

Personalmente asumo que a la gente le puede parecer genial, odiar o ser indiferente a nuestro trabajo. Cuando nos exponemos, es esperable que ocurran las tres posibilidades. Si centramos la atención exclusivamente en los haters (odiadores), seremos carne de cañón. En los impávidos, pensaremos que no ha servido para nada nuestro esfuerzo. Si nos aplauden como focas, viviremos en una burbuja autocomplaciente. La clave, creo yo, está en considerar, a) qué podemos tomar de cada crítica y qué conviene desechar y b) en la importancia que le damos a la mirada del otro. En definitiva, cuanto más nos acercamos a la esfera pública más nos arriesgamos a que cualquiera interprete lo que quiera interpretar. Sobre esto no tenemos control, pero lo cierto es que cuanto más seguros estamos que los comentarios de los demás no nos definen, más fácil resulta pilotear la situación. Uno siempre puede intentar impostar su personalidad para adaptarse al medio, pero de todas formas lo más probable es que seamos siendo criticados de todas formas (especialmente por quienes perciban nuestra tentativa de engaño). Así que solo puedo concluir (conmigo mismo): “haz lo que tengas que hacer, si las cosas no salen tal como te gustaría (eso es, casi siempre), por lo menos no cargarás con el peso de no haber sido honesto” o, como cantaba un inglés en Nueva York, «sé tú mismo, sin importar lo que digan».

En momentos de dudas y tribulaciones respecto a juicios “ajenos” (propios) siempre recuerdo este fragmento de una entrevista a Ellis:

Periodista: Usted escribió “Soy uno de los mejores y más queridos psicólogos de Estados Unidos, pero también soy probablemente el más odiado”. ¿Qué quiere decir con esto? Ellis: Quiero decir que soy querido porque veo a muchas personas, escribo muchos libros y artículos que han ayudado literalmente a millones de personas, así que algunos me quieren. Pero por otro lado, tengo miradas poco convencionales y a veces digo “mierda”, “joder” y cosas por el estilo. Así que algunas personas muy convencionales me odian.

Me interesó en esta publicación dar una idea general de la teoría de Ellis. Varios asuntos interesantes de a su forma de hacer psicoterapia se me han escapado como arena entre los dedos (el tema apócrifo más conspicuo es el modelo ABCDE). En el próximo post —que ya está al salir— cumpliré con lo prometido y escribiré sobre la filosofía de Ellis y algunos puntos en común con la de Arthur Schopenhauer.

Bibliografía

Ellis, A., & Tafrate, R. C. (1998). How to control your anger before it controls you. Citadel Press.

Ellis, A. (2019). How to Stubbornly Refuse to Make Yourself Miserable: About Anything-Yes, Anything!. Hachette UK.

Ellis, A. (2008). Sex without guilt in the 21st century. Recording for the Blind & Dyslexic.